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Historia de Cerdanyola del Vallès

Publicado por Banker & House en 12/04/2022

Cerdanyola del Vallès, es una ciudad acogedora y dinámica, que además cuenta con una vasta historia. Una historia que ha marcado de manera significativa este territorio. Nos encontramos pues, ante una ciudad que apunta al futuro con una propuesta innovadora. Pero que, no olvida sus raíces, su pasado y el sentimiento particular de pueblo en plena región metropolitana. 

Su término municipal se encuentra ubicado junto a la sierra de Collserola, el parque natural más importante de Barcelona. Una sierra que ocupa un tercio del municipio y que hace, entre otras muchas cosas, que Cerdanyola del Vallès sea una ciudad privilegiada. Un lugar ideal donde el vivir, estudiar o trabajar se convierte en una gran experiencia. Y todo ello, desde hace miles de años.

Pues, como muy bien podrás observar paseando por sus calles y barrios, en ella se pueden  encontrar diversos vestigios de las diferentes etapas de su historia. Muestra de ello son el poblado ibérico Can Olivé, la ermita románica de Sant Iscle de les Feixes, el castillo de San Marcial y un gran número de masías que son el orgullo de los habitantes de esta ciudad barcelonesa. 

No en vano, todo este Patrimonio Cultural es el testimonio del pasado agrícola de este territorio, pero también de su riqueza. Algo muy evidente si hablamos de las casas de estilo modernista, que eran las casas de veraneo de la burguesía de la época.

Pero también encontramos equipamientos que nos hablan de la importancia de Cerdanyola en la actualidad, como la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que se encuentra en el barrio de Bellaterra. O el Parque Tecnológico del Vallés (PTV) que cuenta con un acelerador de partículas, llamado ALBA. ¿Te aventuras con nosotros a recorrer la historia de esta ciudad?

Primeros habitantes del territorio de Cerdanyola

Diversas han sido las culturas que han ocupado, a lo largo de los años, esta porción de territorio ubicada entre la llanura del Vallès y la sierra de Collserola. En diversos documentos del año 956 ya se hace referencia a Cerdanyola. Pero antes de eso podemos encontrar testimonios del paso de estas culturas gracias a los restos arqueológicos, yacimientos o edificios singulares que nos han llegado hasta la actualidad.

Durante la época que va desde el paleolítico (600.000-5.000 aC) hasta la edad de hierro (750-550 aC), Cerdanyola se encontraba habitada por pequeños grupos humanos. Estos pueblos fueron primero cazadores recolectores. Que posteriormente, cuando desarrollan las técnicas del cultivo de la tierra, se transforman en poblados de agricultores. 

De esta época se conserva el testimonio más antiguo de la presencia humana en esta zona, el cual data del paleolítico superior (600.000 a. C.). Se conservan herramientas de piedra hechas por comunidades de cazadores nómadas, encontradas junto a los torrentes de Can Magrans y Can Domènec, en la Universidad Autónoma, y ​​río Seco.

Al finalizar la primera edad de hierro, los pobladores de Cerdanyola, logran establecer relaciones comerciales como el resto de los distintos pueblos mediterráneos. Unas relaciones que se han podido comprobar gracias a los materiales encontrados en los de treinta yacimientos y zonas de expectativas arqueológicas. Dentro de estos, podemos destacar, por la importancia del conjunto cerámico y los esqueletos de 50 personas localizados, el hipogeo del calcolítico (2.500-2.100 a. C.) encontrado en la calle de París.

Poblado Ibérico de Ca n’Oliver en Cerdanyola del Vallés

De época ibérica (siglos VI-I aC) se ha podido encontrar el único yacimiento que actualmente es visitable, el poblado ibérico de Ca n’Oliver. Este poblado nos demuestra que el territorio se encontraba densamente poblado por la tribu de los layetanos. 

El poblado ibérico de Ca n’Oliver, ubicado en la cima de la colina del mismo nombre, destaca por sus grandes dimensiones. Y gracias a su estudio, se ha podido establecer que estaba habitado por las élites que controlaban los diversos núcleos poblados desperdigados en la llanura. Como la aldea de Can Xercavins o la granja del campus universitario. Lugares agrícolas y ganaderos.

Al ser uno de los pocos yacimientos que se pueden visitar y debido a su importancia, el poblado ibérico del Turó de Ca n’Oliver es uno de los reclamos arqueológicos y turísticos más importantes del municipio de Cerdanyola del Vallès. Se trata de un gran asentamiento que estuvo ocupado entre los siglos VI y I a. C. y que se caracteriza por su gran complejidad estructural y estratigráfica. 

Destaca por su ubicación estratégica en la cima de un cerro, siendo esta una característica común en los poblados layetanos ibéricos. Esto se debe a que, desde este punto alto, las familias de posición social más elevada podían controlar ampliamente el territorio. El territorio que controlaban se componía principalmente por campos de cultivo, organizados en terrazas para adaptarse al terreno, y pequeños núcleos agrícolas. 

Fases de ocupación

Habitado durante toda la época de los íberos, este poblado era inicialmente sólo un cúmulo alineado de casas simples que se construyeron dentro de un recorte del cerro. En la época de plenitud ibérica, las viviendas son agrandadas, llegando a su momento de mayor apogeo al construirse un gran acceso, un foso y un campo de silos que servían para almacenar los excedentes de la producción agrícola. Estos excedentes agrícolas eran comercializados con otros pueblos del Mediterráneo.

Aquí se han podido identificar hasta ocho momentos de ocupación superpuestos. Los cuales han sido agrupados en cuatro fases que comprenden el conjunto de fase o etapas en los cuales se divide la cultura ibérica. Además, cabe resaltar que la prolongada ocupación que se tuvo en la antigüedad, se tendría que añadir una ocupación posterior, de la época del alto-medievo.

La destrucción del poblado sucede a fines del siglo III a. C. o principios del II a. C., como consecuencia de la Segunda Guerra Púnica (218 a. C.-206 a. C.). Pero será reconstruido durante el ibérico final para después ser abandonado por los íberos debido a la llegada de la nueva organización territorial que trajo el imperio romano.

Para los siglos IX y X, durante la época alto medieval, el poblado estuvo nuevamente habitado, reutilizando algunas estructuras y silos de época íbera. Debido a un documento del año 998 del cartuario del monasterio de Sant Cugat, donde el poblado recibe el nombre de Castello, se cree que podría haber sido parte de la red defensiva de la zona.

Excavaciones arqueológicas y Museo

Este magnífico poblado inició sus campañas de excavación en 1986, abriéndose al público en 1999. Los restos arqueológicos que se pueden visitar, tienen una extensión aproximada de 6.000 m2, y se encuentran restaurados y musealizados.

En él podremos encontrar réplicas de tres edificios ibéricos que nos transportarán al pasado. Y que nos permitirán entender la evolución del poblado y la vida cotidiana de sus antiguos habitantes.

En 2010 y con objeto de entender mejor el contexto de este yacimiento y conservar los restos hallados, se abrió el Museu i Poblat Ibèric Ca n’Oliver. Se trata de un edificio de dos plantas coronado por una terraza que tiene la forma del perfil natural del cerro. Aquí encontramos una exposición permanente que acoge más de 500 objetos arqueológicos, fundamentalmente de época ibérica, procedentes en su mayoría del poblado de Ca n’Oliver. 

Estos objetos, con ayuda de material audiovisual e interactivo, nos permitirán descubrir y entender quiénes eran los íberos, su forma de vida, la organización social, sus creencias o las causas de la desaparición de esta cultura.  El Museu de Ca n’Oliver forma parte de la Xarxa de Museus Locals de la Diputación de Barcelona y de la Xarxa de Museus i Jaciments Arqueològics de Catalunya. 

Mientras que, el poblado íbero, forma parte de la Ruta dels Ibers. Un proyecto de Turismo Cultural que es promovido por el Museo de Arqueología de Cataluña, integrando diferentes yacimientos ibéricos visitables.

Época romana

Para el año 218 a.C. y como consecuencia de las guerras púnicas entre romanos y cartagineses, los romanos se asientan en la zona del Vallès. Allí, deciden desarrollar sus actividades. El territorio ya se encontraba poblado de layetanos. Y estos empiezan a recibir la influencia de la cultura romana.

Una de las costumbres más interesantes que tenían los romanos era la de otorgar tierras a los legionarios licenciados y a los colonos que arribaban desde Italia. Debido a esta política, se fundan nuevas ciudades como es el caso de Barcino (Barcelona) o Castrum Octavianum (Sant Cugat). Así como diversas villas que tenían la tarea de cultivar la tierra. 

Entre los vestigios de esta época que se han encontrado en la zona, destaca la villa romana de Can Canaletes. Que tiene una antigüedad que oscila entre los siglos I y V d.C. Dicha villa se encuentra ubicada entre la ermita de Santa María de les Feixes, la riera de Sant Cugat y el torrente de Canaletes. 

Como ya vimos en un artículo anterior sobre la historia del barrio de Canaletes, la villa resulta interesante porque contaba con un significativo taller de cerámica. Esto, ha permitido encontrar diversos restos de ánforas, así como tejas o vasijas de diferentes modelos. De ahí que esta villa sea considerada una de las primeras industrias de Cerdanyola. 

Además, muchos expertos coinciden en que, por debajo de lo que en la actualidad es la avenida Canaletes, pudo haberse ubicado una calzada romana. Esta calzada comunicaría la rama de Barcino de la Vía Augusta, con Sant Cugat (Castrum Octavianum). 

Época Visigoda

Los romanos dominaron la zona del Valles durante más de 600 años. Pero esta etapa llegó a su fin debido a la invasión de los llamados pueblos bárbaros. Aunque recientes evidencias nos hablan de que muchas veces hubo una alianza entre dichos pueblos y el pueblo romano. Todo con la finalidad de protegerse de otras tribus que eran mucho más bárbaras. 

Los visigodos, bajo las órdenes de su rey Ataulfo, arriban a la ciudad de Barcino hacia el año 415 y se establecen en esta ciudad. De la época visigoda en Cataluña (siglos VI-VIII), encontramos diversos poblados campesinos en llano, como es el caso de Els Mallols, ubicado en Cerdanyola del Vallès.

Siglo X: Formación de la identidad local

Como ya hemos mencionado, podemos documentar el topónimo «Cerdanyola» desde el año 956. Este aparece en una donación de tierras a La Roca del Vallés que se realiza en el monasterio de Sant Cugat. Un monasterio que se encontraba “quod situm est in comitatum Barchinona, in Vallense, yuxta vinculo Cerdaniola”. Esto según el Cartulario de Sant Cugat (documento núm. 44; Ríos, v.1, p.40). 

En estos años, los primeros habitantes del término se habían encargado de definir el territorio. Habían marcando una diferencia de los demás pueblos. Y habían adoptado el nombre que conserva hasta la actualidad. Los repobladores que llegan a la zona del vallés durante el siglo X procedían de las montañas del Pre-Pirineo (Bergadá y Ripollès). Así como de las llanuras cercanas. 

De estas zonas pirenaicas eran originarios los pobladores que se asentaron en Sant Pere de Vilamajor, Reixac, Ripollet, Cerdanyola y otros términos de esta comarca. En la actualidad, podemos considerar que la interpretación etimológica más cercana de la palabra «Cerdanyola», es la de que es un diminutivo de Cerdanya, es decir, una Cerdanya pequeña.

Durante esta etapa, en este territorio se asentarán colonos libres que se dedicarán al cultivo de la tierra que era de su propiedad. Y que, en su mayoría, eran naturales de las comarcas pirenaicas. Como ya hemos comentado, existe un gran consenso en relacionar el nombre Cerdanyola con el hecho de que quienes se asentaron en la zona. Es decir, que quienes se asentaron entre la sierra de Collserola y la sierra de Galliners eran naturales de la comarca de la Cerdanya. 

Las masías de Sant Iscle y Santa Victoria de les Feixes y la de Sant Martí de Cerdanyola.

Estos colonos comenzaron a construir masías en todo el valle. Si bien, se estructuraron o agruparon en dos parroquias: Sant Iscle y Santa Victoria de les Feixes y la de Sant Martí de Cerdanyola. La parroquia de Sant Iscle, se convirtió en el centro de reunión, no sólo para orar, también fue un centro para tratar asuntos de la comunidad.

Los colonos vivieron en libertad muy poco tiempo. Pues poco a poco fueron sometidos a impuestos y leyes por aquellos que decían ser los dueños de las tierras. En un primer momento fue el monasterio benedictino de Sant Cugat el que sometió a dichos colonos. Pero luego vendría el conde de Barcelona que cedió el feudo a los señores de Montcada.

Los señores de Montcada terminarían vendiéndolo a la familia de comerciantes Marimón de Plegamans en 1225, cuyos privilegios se mantuvieron hasta 1837. Esta fecha dio paso al nacimiento de municipios y diputaciones provinciales.

Este territorio es una muestra del equilibrio entre bosques y espacios para la ganadería, la caza y la recolección de frutos del bosque. Pues cuenta con una presencia muy importante de tierras arcillosas propicias para la explotación agrícola.

Debido a esto, podemos sostener que, a pequeña escala, la elección del nombre resulta adecuada en cuanto a la percepción del territorio que tuvieron los primeros repobladores. Los cuales, de manera simplificadora y en pequeño, la vieron como su propia Cerdanya.

La consolidación de Cerdanyola (año 1144)   

El territorio montañoso de Cerdanyola se fue ocupando paulatinamente, construyéndose dos iglesias para los núcleos iniciales de agricultores que se asentaron en la zona. En la zona de Les Feixes se edificó la iglesia de Sant Iscle y Santa Victoria de les Feixes, la cual aparece consignada en un documento del año 995. 

En la otra parte del Collserola cerdanyolenc, fue edificada la iglesia parroquial Sant Martí de Cerdanyola. De cuya presencia se tienen datos gracias a un documento del año 1042. Uno de los documentos más importantes que se conservan en el Archivo Diocesano de Barcelona es el acta de consagración de la iglesia de Sant Martí, el día 24 de febrero de 1144. 

De dicha acta se desprende la definición del término de la parroquia de Sant Martí de Cerdanyola, Cuya delimitación, con pocas modificaciones, corresponde al límite en la actualidad. Una excelente fuente histórica para entender mejor la construcción y evolución de esta parroquia es el libro sobre la historia de la iglesia antigua de Sant Martí de Cerdanyola. 

El feudalismo en la zona

A partir del año 1135 el término de Cerdanyola queda adscrito a la jurisdicción del Castillo de Sant Marçal (Castillo de Cerdanyola). Cuyo señor provenía de la familia Marimon y gozaba del control sobre el territorio y su gente. 

Es así que, Cerdanyola se convierte en un término perteneciente a un señorío, estando esto vigente hasta que los señoríos feudales son abolidos definitivamente en 1837. Aunque, los siete siglos de poder feudal ejercido desde el Castillo sobre el término de Cerdanyola, dejan una huella imborrable. 

En este régimen, el señor feudal imponía sus criterios, exigiendo cargas en dinero o productos a los habitantes del término e impartía justicia según sus creencias. Elegía alcaldes y no permitía que ningún otro poder se entrometiera en sus derechos.

La Cerdanyola feudal tiene una disposición en el territorio como una villa de grupo disperso, compuesta por alrededor de entre 30 y 50 masías. Así como por dos parroquias, bajo el dominio del Castillo de Sant Marçal.

Los campesinos, intentaban oponer resistencia, manifestándose a través de los «comunes» de Sant Martí de Cerdanyola y de Sant Iscle de les Feixes. Esta era una agrupación de los campesinos del término pensada para defenderse, dentro de sus posibilidades, de las extralimitaciones de los señores feudales. 

Las parroquias son una parte muy importante de la sociedad de esa época, ya que los “comunes” nacen y se fortalecen junto a estas. Siempre existió este enfrentamiento entre los dos polos locales, es decir, señor y campesinos; castillo y parroquias. 

Es así que, uno de los signos de identidad más importantes para los cerdanyolenses medievales son las parroquias y la devoción a los dos santos de estas, San Iscle y San Martí. Sin embargo, la fiesta más importante de todas era la de primavera, en la cual se celebrada la advocación de la Virgen del Rosario. Una fiesta que está documentada por primera vez en el año de 1419. 

Esta era una fiesta popular que celebraban los campesinos. Pero también era festejada por los nobles y la corte real. Con la llegada del siglo XIX, se producen una serie de cambios a nivel político desde la Administración del Estado. Unos cambios que tienen que ver con la administración de las entidades locales. 

Es entonces cuando se decide abolir los señoríos feudales y se crean los Ayuntamientos Constitucionales. Con esto, oficialmente aparecen los municipios de Cerdanyola, Ripollet, Sant Cugat, Moncada y demás. El término del municipio de Cerdanyola, el cual era de reciente creación, no difería del término medieval y señorial del cual hemos hablado líneas arriba. 

El nuevo término municipal de Cerdanyola del Vallès

El nuevo término municipal no supuso modificación alguna de los límites. A excepción de algunas disputas de límites que se tuvieron con Ripollet, a principios del presente siglo. Gracias a esto, el territorio de Cerdanyola que llega hasta nuestros días es exactamente el mismo que cuando se fundó.

Cerdanyola, que tenía una disposición de villa de grupo disperso de cerca de cuarenta masías bajo el dominio del Castillo, no tuvo problemas de identidad al constituirse como término municipal. Esto también se debe a que, la parroquia hermana de Sant Iscle y las masías cercanas, debido al efecto del señorío feudal, se encontraban integradas en la comunidad cerdanyolense.

Una vez constituido el nuevo Ayuntamiento, los principales propietarios (o contribuyentes) del término, toman el poder en representación de todos sus habitantes. Esta era la manifestación del sufragio censitario, que poco tenía que ver con nuestro sufragio universal, que, a pesar de ser restringido, significó un gran avance. Con esto, el señor feudal desaparecía para que un grupo de los principales campesinos tomará las riendas para hacerse cargo de la administración del término.

Hasta nuestros días ha llegado un legado histórico que marca la personalidad de Cerdanyola y sus habitantes. Soportando transformaciones territoriales, económicas y demográficas, pero manteniendo invariables los límites medievales definidos en 1144.

Evolución urbana de Cerdanyola

Es a partir del año 1828 cuando Cerdanyola da inicio a una serie de transformaciones, tanto a nivel humano como económico. Unas transformaciones que tienen un fuerte impacto en su imagen urbana y en el uso de la tierra. Esto también se ve impulsado por la llegada del ferrocarril, las carreteras y la electricidad. En ese momento va a surgir el pueblo, una villa de agrupamiento urbano, siguiendo las parcelaciones de las primeras fincas agrícolas de Can Serraparera y Ca n’Altimira.

El barrio de Dalt (1828) será el primero es ser creado, desarrollándose a lo largo de la calle de Sant Ramon. Luego llegará el barrio de Baix o Nou (1845), que se ubicaba a lo largo de la calle de Sant Josep. Es decir, en la carretera de Barcelona a Terrassa, que seguía el trazo de la antigua vía Trajana de los romanos. Estos barrios tienen la característica de ser barrios de campesinos, con casas para campesinos, dedicados casi por completo al monocultivo de la vid.

Para el año de 1870 llegan los primeros veraneantes. Estos procedían de la ciudad de Barcelona y llegan a formar una colonia estable durante los meses de verano. Esta importante llegada de veraneantes va a propiciar la construcción de viviendas modernistas. Unas viviendas que podemos encontrar por todo el territorio local y que forman parte del Patrimonio Arquitectónico de Cerdanyola del Vallès.

La década de 1920 traería consigo una explosión urbanística nunca antes vista en esta ciudad, impulsada por la llegada de más veraneantes de Barcelona. Se proyectan los nuevos desarrollos de «ciudad jardín». Unos proyectos que iban acorde con las modas inglesas. También se construyen nuevos barrios de pisos, como Montflorit (1920) y Montcerdà o Can Cerdà (1920), en plena Sierra de Collserola. Y Cerro de Guiera (1928), junto al Collserola. 

También encontramos los barrios de Parcers (1923), Ca N’Antolí (1927), el Turonet (1926), Cordelles (1928), Bellaterra (1930), en plena Sierra de Galliners. Serraparera (1943) o Colonia Vilcom-Serraparera y Terranova (1949), también en la Sierra de Galliners. Todo estos desarrollos urbanos y arquitectónicos, van a modificar para siempre la geografía local.

Además, a principios de siglo XX el término de Cerdanyola se empieza a industrializar debido a la llegada de la fábrica de uralita (1910). Posteriormente aparecen nuevas zonas industriales en la Clota de Cordelles (1957), Sugranyes (1961), la Bòbila (1963), Uralita (1963, ampliación), Can Mitjans (1967), Xarau (1972). Y más recientes son las zonas industriales de Adam y Eva, el Tomillo y el Parque Tecnológico.  

El pueblo campesino y de veraneo se irá transformando en una ciudad industrializada, que es muy atractiva para nuevos trabajadores. En los últimos años de la dictadura, se edificó la Universidad Autónoma de Barcelona (1972) en los terrenos conocidos con el nombre de Vall Moronta.

La década de 1960

La década de 1960 destaca porque fueron años de conflictos sociales, económicos y políticos, haciéndose énfasis en las reivindicaciones de obreros, estudiantes y ciudadanos. También se edifican barrios más populares, con urbanismo y arquitectura más sencillos, construidos con la finalidad de alojar las sucesivas oleadas migratorias que llegan atraídas por el crecimiento industrial de la región. Estos barrios son los del Sot de Can Xarau (1923), Les Fontetes (1964), Teidesa-Bonasort (1964), Banús (1966) y Ciutat Badia (1969).

Otro componente importante del desarrollo de la localidad son las autopistas, uno de los grandes rasgos transformadores del urbanismo local. También deberemos añadir las nuevas vías férreas, la Universidad Autónoma (1972), las Casas Sert de la Autónoma, la urbanización del Turó de Sant Pau, el Parque de Bomberos, el Cementerio de Collserola (1972), el polígono Canaletes y los futuros Centro Direccional y túnel de Horta.

Cerdanyola en la actualidad

Todas estas transformaciones a nivel urbano y espacial de Cerdanyola, han ofrecido las condiciones idóneas para que la población haya crecido de manera desbordada en muy poco tiempo. Especialmente durante el franquismo. Estas transformaciones han ocasionado que el pueblo pierda su carácter agrícola, sustituyéndolo por el de una ciudad industrial.

Además, Cerdanyola ha tenido un notable crecimiento demográfico que le ha hecho pasar de 6.455 habitantes en 1960 a más de 60.000 en la actualidad. La Cerdanyola actual es producto de la conurbación de todos sus barrios, espacios industriales y equipamientos.

Y gracias a la llegada de la democracia, Cerdanyola ha tenido un continuo y sostenido crecimiento. Asimismo, debido a que es sede de la Universidad Autónoma de Barcelona, así como ​​del Parque Tecnológico del Vallès (1987), y de varios centros de investigación e innovación, Cerdanyola es receptora de población estudiantil y de nuevos flujos migratorios.

En Cerdanyola, la economía del conocimiento se está abriendo paso sobre la industria tradicional. Esto debido a la instalación de empresas punteras y de alto valor añadido al abrigo del campus universitario, del Parque Tecnológico y de proyectos nuevos como el Parque Científico de la Plana del Castell. Al mismo tiempo, Cerdanyola es un lugar de encuentro de instituciones, asociaciones, entidades y el hogar de gente de distintos lugares.

Cerdanyola del Vallès continúa haciendo grandes esfuerzos para avanzar hacia el futuro sin olvidar su identidad propia, conservando su patrimonio natural y cultural. En un territorio que empezó a transformarse hace más de 600.000 años, Cerdanyola ha sabido consolidarse como una de las ciudades más importantes del área metropolitana de Barcelona, así como de toda la zona del Vallès Occidental.

Por ello, es una de las mejores zonas para vivir cerca de la Ciudad Condal. Ya que cuenta con todos los atractivos propios de una gran ciudad, y con la tranquilidad y el sabor de un pueblo. De ahí que cada año reciba a nuevos vecinos deseosos de disfrutar de la comodidad de vivir cerca de Barcelona. Si tú eres uno de ellos no dudes en contactar con tu inmobiliaria en Cerdanyola. En Banker & House contamos con un grupo de expertos que te ayudarán a encontrar el hogar que mejor se ajuste a tus gustos y necesidades.

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