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Todos los errores que cometemos en una mudanza

Publicado por admin en 03/10/2020
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Para paliar la ansiedad y los nervios de una mudanza, traemos una lista de errores —fruto de la dolorosa experiencia— que te instamos a que tomes buena nota y no los repitas. No habrá compañía de mudanzas que te tosa.

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1. Desmontar según qué muebles

A priori parecería que desmontar el mobiliario es la manera más eficiente de trasladarlo, pero hay que tener cuidado con las calidades y tipos. Los que son de conglomerado y maderas sospechosas mantienen su estabilidad solo si están unidos, y de forma especial las estanterías agradecen ser trasladadas en bloque, no solo por mantenerse íntegras, sino porque volver a montarlas en el orden correcto puede ser más complicado que resolver un cubo de Rubik.

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2. No hacer fotos a las piezas más caras antes de cargarlas en el camión

Los objetos más preciados y frágiles, de forma misteriosa, llegan en mucho mejor estado si se les ha sacado una foto que atestigua, de cara al seguro y la empresa de mudanzas, que estaban íntegros antes del traslado. No hay que ser perezosos, que con los móviles este trámite dura un segundo y ahorra disgustos y reclamaciones.

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3. No fijar los cajones y puertas de los armarios y aparadores

Está pasando: varios operarios mueven un armario art déco especialmente pesado y aparatoso cuando una de sus puertas se abre sin previo aviso dejándolo encajonado en el hueco de la puerta del dormitorio o produciendo daños irreparables en la madera lacada de la superficie. Por no hablar de los cajones que se abren en los momentos más inoportunos desparramando su contenido por el suelo.

Hay que fijar bien todo lo que pueda abrirse o soltarse en un mueble, y fijarlo bien. Pero cuidado, porque la vulgar y práctica cinta de embalar puede dañar las maderas y superficies más delicadas. En ese caso, mejor desmontar o cubrir con plástico primero y luego fijar con cinta.

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4. No desembalar todo al día siguiente para poder hacer inventario de daños

La mayoría de las empresas de transporte tienen un límite para reclamaciones exiguo, que suele durar 24 o 48 horas. Se benefician de que los objetos de adorno más frágiles muchas veces son los últimos en ser sacados de su envoltorio y depositados en su nuevo lugar, así que, aunque dé pereza, hay que hacerlo: abrir cajas y comprobar el estado de platos, cerámicas, adornos varios (ojo a los cristales de los cuadros) para poder reclamar a tiempo.

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5. Utilizar bolsas en vez de cajas

Es una tentación, lo reconocemos. Cansado de tanto montar cajas de cartón, de tanta cinta de embalaje y tanto cúter, la posibilidad de sacarle por fin rendimiento a las bolsas de Ikea que se acumulan en el trastero resulta seductora, pero no es recomendable.

En una mudanza todo es cuestión de optimizar el espacio, y en ese sentido, el cubo tiene poca competencia. En una furgoneta o camión las cajas son apilables sin problemas, algo que no se da con bolsas gigantes mal cerradas de formas abstractas o, peor todavía, frágiles bolsas de basura que se rompen con una facilidad pasmosa.

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6. No aprovechar para hacer un súper limpieza

Esto es casi tan importante como todos los puntos anteriores juntos. Antes de empezar a guardar cosas que pesan y ocupan espacio, piensa, ¿de verdad las necesitas? Una mudanza puede ser el momento adecuado para hacer esa limpieza gigante de fondo de armario, donar libros, juegos y discos y deshacerte de electrodomésticos y cables que vivieron su momento álgido de gloria en 2005.

Unas cuantas visitas al punto limpio más cercano garantizan empezar una nueva vida en el flamante hogar de forma más ligera, con menos peso de inutilidades a nuestra ya sufrida espalda. Si no sabes por dónde empezar, aquí te explicamos cómo ordenar tu casa como si fueras a morir, que viene a ser lo mismo que hacerlo para una mudanza.

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7. No hacer una buena limpieza previa en el nuevo hogar

Según el estado de la nueva vivienda, es recomendable que una empresa de limpieza —o en su defecto, uno mismo— se encargue de un buen repaso a paredes, puertas y suelos.

Todo quedará hecho polvo tras la mudanza pero algo llevarás adelantado. Esto está sobre todo indicado para la cocina, básicamente porque una vez instalados nevera, lavadora y lavavajillas, es difícil que vuelvan a moverse de su sitio en un lustro.

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8. No dar de alta cuanto antes la línea de internet y los suministros

De acuerdo, ya tenemos sofá, cama y mesa instalados, incluso la tele conectada, pero nada de eso sirve si la luz, el gas, el agua y demás no están operativos. Pelearse con las compañías para hacer un cambio de titular o un traslado de domicilio es uno de los trabajos de Hércules contemporáneos, pero créenos: una mudanza no está terminada cuando las últimas cajas se abren, sino una vez que instalamos la clave de Internet en nuestro móvil y todo funciona a la perfección.

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9. No pensar primero en mascotas y niños

Si tú sufres con la desubicación de la mudanza, piensa en ellos. Siempre que se pueda se debe intentar que la habitación de los niños sea la última en ser desmontada y la primera en estar lista en la nueva ubicación. Que sus juguetes favoritos y los objetos del colegio estén a mano enseguida, y a poder ser que tengan un espacio propio bien delimitado y a salvo de cajas al segundo día.

Los animales domésticos requieren un cuidado especial durante el traslado. En el nuevo hogar debe dejárseles que exploren e investiguen a fondo los rincones (aún con riesgo de que afilen las uñas en las cajas), y sobre todo hay que garantizar que tengan su comida, bebida y cajón de los excrementos disponibles cuanto antes. Por su bien y por el tuyo.

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10. No separar y tener localizado lo importante

¡El contrato del nuevo piso! ¡La documentación! ¡El portátil! ¡Las joyas! Hay una serie de cosas que deben estar a mano cuando se las necesita, por lo que deben viajar —en mochila, maleta o portfolio— con nosotros durante el traslado, y situarse en un lugar visible y lo más al margen posible del caos que reinará durante los siguientes días.

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11. Hacer cajas demasiado pesadas

Norma básica de supervivencia: los libros, en cajas pequeñas. Las almohadas y edredones, en cajas grandes. De nada sirve tenerlo todo embalado a la perfección si se ha hecho en cajas que pesan 25 kilos y son intrasladables, incluso por los más fornidos operarios profesionales.

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12. No vaciar la nevera y el congelador

Las semanas previas a una mudanza deben ser un tirar constante de despensa para evitar trasladar latas, botes y congelados. Con un poco de planificación y comprando al día pueden hacerse menguar las reservas de los estantes de la cocina.

 En cuanto a las reservas de alcohol, su traslado es una cruz —pesadas, frágiles, con una forma incómoda, si una botella de vino se rompe te monta un estropicio tremendo—, por lo que no viene mal organizar una fiesta de despedida del viejo hogar y que los invitados arramplen con la bodega.

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13. No enrollar las alfombras

Doblar las alfombras puede parecer una buena idea para optimizar espacio y seguir con ese tetris de formas cuadradas en el que estamos inmersos, pero no es una buena idea. Las alfombras se deforman con facilidad o adquieren unas marcas muy difíciles de eliminar. Hay que enrollarlas bien, asegurarnos de que no se abran —con cinta de embalar — y trasladarlas en posición vertical para evitar que una carga pesada encima las deforme.

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14. No pedir permisos al ayuntamiento

No solo porque la circulación en las ciudades está cada vez más restringida, sobre todo si te mudas al centro: aparcar frente a tu casa para no tener que cargar con las cajas por toda la calle, y asegurarte un sitio sin pelearte con los vecinos nada más llegar, puede requerir un permiso especial. Por supuesto, si vas a necesitar una grúa, empieza ya a tramitar el papeleo.

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15. No medir bien los espacios

Esto es otro básico muy a menudo olvidado. Hay que medir bien el hueco del ascensor para saber qué cosas pueden meterse ahí y cuáles irán por la escalera, los vanos de las puertas —sobre todo en las casas antiguas— y saber a ciencia cierta si la cómoda o el armario caben en esa esquina en la que parece que entran sin ningún problema. No te fíes de los cálculos a ojo, los espacios se achican y los muebles se agrandan de un modo mágico y frustrante.

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16. No poner papel de burbujas o de periódico entre los platos

Parece que van bien, que no hay ningún problema, pero al llegar al nuevo hogar, con tanto meneo, la mitad están rotos y la otra mitad estallados. Tal vez sea una de las tareas más tediosas de preparar en una mudanza, pero es imprescindible: papel de burbujas o de periódico entre los platos, y cubriendo amorosamente cada pieza frágil de la vajilla —vasos, fuentes, cuencos de cerámica—, son los mejores aliados de un ajuar que sobrevive incólume al paso del tiempo.

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17. No escribir en las cajas cuál es su contenido

Esto es de primero de educación básica de mudanza, pero es un fallo que seguimos viendo generación tras generación. Una caja debe ir acompañada siempre de un rotulador grueso para escribir de forma bien grande y visible, siempre en un lateral o varios —nunca arriba, por favor, parece mentira— qué contiene.

El shock de verse en la nueva vivienda rodeado de paquetes prácticamente

idénticos y sin saber si contienen sartenes, ropa o toallas descoloca incluso al que tenga mayor presencia de ánimo

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18. No marcar en las cajas el cuarto donde irán

Tan elemental como el punto anterior. Algo tan sencillo como ir depositando cada caja en su habitación de destino —cocina, baño, dormitorio…— facilita el tránsito en el nuevo hogar y sobre todo el desembalaje. Permite ubicarse mucho mejor y ahorra paseos cargando peso, lo que en una mudanza vale un potosí.

Fuente: Raquel Piñeiro 28 DIC 2018 El País.

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